Mi primera pulsera de macramé

Ya que Marina se propuso hablar de su primer amigurumi, yo voy a empezar contando también mi primera vez, aunque no con la lana sino con los hilos. Pero pensándolo bien, quizás estoy siendo muy exigente conmigo misma porque en realidad la técnica del macramé es un pasatiempo muy común en los campos de verano, así que para mi memoria es imposible remontarse a mi primer campamento y, por lo tanto, a mi primera pulsera. Será mejor que os ahorre unas cuantas memorias de infancia y que avance en el tiempo hasta llegar al marzo de 2014, en Nepal, donde conocí a un nómada argentino que sobrevivía vendiendo sus artesanías de macramé.

Siempre había tenido curiosidad por esa técnica, pero nunca había hecho nada más allá de las típicas pulseras de la amistad e ignoraba que el macramé incluso se utilizaba para tejer. Le pedí que me enseñara algo básico, para empezar sin enredarme con los nudos y probar ese material que no era el que se utilizaba en los campamentos de verano. Él trabajaba con un hilo encerado y pegajoso, debido al calor de Katmandú, con el que era una delícia trabajar.

Me enseñó el nudo básico de macramé, pero trabajado de una manera que, seguún él, si tenía creatividad, podría hacer variaciones infinitas. Este fue el resultado:

Y de paso también me enseñó a hacer un nudo corredizo, algo que hasta entonces me parecía un truco de magia.

Después de mi primera lección, compré unos hilos de cáñamo (de los más baratos y accesibles en Katmandú) y descubrí que el material no debe ser tomado a broma. Las formas en aquel hilo quebradizo no se veían de la misma manera, además de que trabajar con él era un poco más complicado para una primeriza. Me aburrí de ese material ya que no sabía sacarle partido, pero vendí algunas pulsera hechas con eses hilo y conseguí por lo menos reingresar el dinero (ínfimo, por otra parte) que había invertido en él. Sin embargo, la fustración y el ver que con ese material no avanzaba, no me devolvió las ganas de hacer más pulseras y no fue hasta que volví de ese viaje por Asia que decidí ir en busca de un hilo encerado decente (en Barcelona lo más decente que encontré fue el hilo de poliéster brasileño settanyl). Entonces volví a ponerme manos a la obra con el nudo que aprendí gracias a ese artesano argentino.

El único cambio que apliqué respecto al modelo original es la forma de hacer el nudo corredizo. Si bien el concepto y el diseño es el mismo, se me ocurrió que el resultado final sería un poco más elegante si en vez de hacer el nudo solo con hilo, le aplicaba algunos detalles metalizados.

Me gustó el resultado final y eso me animó a continuar haciendo otras pulseras y a experimentar con otros tipos de cierre y nudos. Pero los resultados de esos experimentos ya os los contaré en otra entrada…


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5 comentarios en “Mi primera pulsera de macramé

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